El 12 de Febrero, se cumplió un aniversario más del natalicio de Darwin (203). Un personaje al que admiro por el estremecimiento que causó en el mundo científico sus postulados evolutivos.
Durante mucho tiempo se ha pensado que el cerebro adolescente es un cerebro "en obras", pero visto con los ojos de la evolución, puede que sus rasgos más exasperantes, sean la clave del éxito cuando se conviertan en adultos.
A un joven de 17 años le están leyendo en una comisaria de Dallas (Texas, USA) sus cargos: Embriaguez, Exceso de velocidad (182 Km/h), Conducción imprudente. Fue en esta última donde dijo no estar de acuerdo
-Por qué no está de acuerdo? Preguntó el policía
-Porque es inexacto -Respondió- Suena como si hubiese ido distraido y no fue así. Corrí deliberadamente en un tramo vacío de una autopista seca, a la luz del día con buena visibilidad y sin tráfico. No solo pisaba el acelerador. Conducía con atención...Concentrado...
La respuesta del chico desconcertó al policía...y a nosotros que leemos ahora.
El episodio anterior hace que nos plateemos preguntas cuando consideramos a los adolescentes: Por qué se comportan así? Cómo explicar su conducta? Qué tienen en la cabeza?...
Las distintas fases por las que ha pasado la humanidad, ha dado respuestas citando fuerzas oscuras que solo afectan a los adolescentes. Aristóteles llegó a la conclusión de que "La naturaleza caldea a los jóvenes, como el vino a los beodos". Shakespeare, a través de uno de sus personajes en "The Winter's Tale": "Ojala no hubiese edad entre los 10 y los 23 o que los jóvenes se pasasen ese tiempo durmiendo, porque no hacen más que preñar mozas, ofender a los mayores, robar y pelear". Más reciente en el tiempo, Stanley Hall en 1904 definía la adolescencia como un período de agitación y stress que reproducía una fase anterior y menos civilizada de los humanos. Erick Erickson la define como la más tumultuosa de las crisis de identidad de la vida y Freud (no podía faltar): La expresión de un tortuoso conflicto sexual.
En todos los casos, la adolescencia se ha visto como un problema, pensamiento que ha dominado la escena científica hasta finales del siglo pasado. Pero las nuevas tecnologías de imágenes médicas están permitiendo a los investigadores visualizar el cerebro adolescente con suficientes detalles como para observar su desarrollo físico y sus patrones de actividad, ofreciendo una nueva manera de plantear la pregunta: Por qué se comportan así?, revelando una respuesta sorpresiva: Nuestros cerebros tardan en desarrollarse mucho más de lo que pensábamos...
El NIH (Institutos nacionales de salud, siglas en inglés) de USA, durante los años 90 del siglo pasado, realizó la serie más completa de scanners en paciente adolescentes. 100 jóvenes entre 12 y 25 años demostraron que nuestro cerebro experimenta una reorganización masiva entre esas edades. Aunque el crecimiento es escaso durante este período (alcanzamos el 90% del tamaño definitivo a los 6 años aproximadamente), el cerebro sufre una extensa remodelación que se podría comparar a la actualización del cableado de una red informática.
Para empezar, los axones (fibras nerviosas que las neuronas utilizan para enviar señales a otras neuronas), mejoran su aislamiento con una sustancia llamada mielina (la sustancia blanca) multiplicando por cien la velocidad de transmisión axonal. Las dendritas (ramificaciones desde donde las neuronas reciben las señales de los axones), se ramifican aún más y las sinapsis (los puentes químicos entre dendritas y axones) más utilizadas se fortalecen, atrofiándose las menos utilizadas. Esta "poda sináptica" hace que la corteza cerebral sea más fina y más eficiente. Esta combinación de cambios hacen del cerebro un órgano rápido y sofisticado.
El proceso de maduración, que se creía terminado a los 6 años, prosigue durante la adolescencia. Los cambios físicos (demostrado por los scanners) avanzan en forma de oleadas desde la parte posterior del cerebro hacia el frontal. Desde áreas próximas del tronco cerebral (donde se controlan las funciones más primitivas como respiración, movimientos), hacía las áreas pensantes del lóbulo frontal, evolutivamente más nuevas y complejas. El cuerpo calloso que conecta ambos hemisferios cerebrales, se engrosa progresivamente mejorando el transporte de información entre ambos hemisferios. También se fortalece la conexión entre el hipocampo (el directorio de la memoria por llamarlo de algún modo) y las áreas frontales que establecen los objetivos y comparan planes de acción, mejorando la capacidad de integrar la memoria y la experiencia en nuestras decisiones. Las áreas frontles también desarrollan más conexiones y rapidez, permitiendonos muchas más variables y líneas de acción que antes.
Cuando el proceso anterior avanza con normalidad, conseguimos sopesar mejor los impulsos, los deseos, el interés egoísta, las normas, la ética incluso el altruismo y generar un comportamiento más complejo y al menos, a veces, más sensato. Pero al principio del proceso de maduración el cerebro hace ese trabajo con torpeza.
Una prueba muy simple nos demuestra lo anterior: Se realizó scanners en sujetos entre 10 y 23 años mientras realizaban un ejercicio antisacádico (las sacadas o sacádicos son los movimientos oculares mientras miramos una imagen o paisaje. Los ojos no se quedan sin movimientos sino que se producen saltos mientras observamos, incluso cuando "fijamos" la mirada) en un vídeojuego. Ellos miraban a un monitor en cuyo centro había una cruz roja que desaparecía ocasionalmente al tiempo que se encendía una luz blanca en otra parte de la pantalla. Tenían instrucciones de no mirar la luz, sino en dirección opuesta. Un sensor medía los movimientos oculares. La prueba se superaba si se neutraliza el impulso de atender a una información nueva, como la curiosidad que inspira lo prohibido (se puede llamar inhibición).
Los niños de 10 años lo hacen muy mal, fallando el 45% de las veces. Los adolescentes son mejores en la prueba. Los mayores de 15 años consiguen resultados tan buenos como los adultos, si están motivados, resistiendo a la tentación de la luz entre el 70 y 80%.
Pero lo interesante no fue las puntuaciones, sino las imágenes que se tomaron del cerebro de los participantes mientras realizaban la prueba. En comparación con los adultos, los adolescentes usaban menos regiones del cerebro que controlan el rendimiento, detectan errores, planifican y mantienen la concentración, áreas que aparentemente los adultos ponen en funcionamiento de forma automática. Esto hace que los adolescentes caigan en la tentación más fácilmente que los adultos.
Pero, si hay una recompensa añadida, los adolescentes demostraban ser capaces de poner a trabajar con más empeño todas esas regiones para mejorar resultados. Hacía los 20 años los cerebros comienzan a responder a la tarea encomendada como la de un adulto. Aparentemente esto ocurre cuando la red neuronal se hace más densa y más eficaz en las regiones ejecutivas.
Esto explica la irritante variabilidad de los adolescentes. Están aprendiendo a utilizar las nuevas redes de su cerebro. El stress, el cansancio, o las situaciones problemáticas, pueden causar fallos. Esto se denomina "torpeza neuronal" que es comparable con la "torpeza física" que pueden presentar los adolescentes cuando estan aprendiendo a controlar su cuerpo.
El arco de desarrollo lento y desigual que revelan los estudios mediantes imágenes médicas proporciona una explicación concisa de las tonterías que a veces pueden hacer los adolescentes como conducir a 182 km/h, ofender a los mayores y preñar a las mozas (o dejarse preñar por un mozo). Se comportan así porque sus cerebros no están terminados...Los scanners son la prueba que lo demuestra...
La imagen de un cerebro adolescente que solo causa problemas esta empezando a cambiar hacía la de un cerebro que se adapta. Esta visión tiene punto de vista claramente evolutivo o al menos influenciado por la teoría evolutiva.
Según esto, el cerebro adolescente no es un tosco esbozo del adulto, sino un órgano muy sensible y sumamente adaptable, preparando la tarea de abandonar la seguridad del hogar y salir al complicado mundo exterior.
Esto último gustará más a los adolescentes. Pero lo más importante es que encaja con un principio fundamental de la biología: La selección natural, que no perdona los rasgos disfuncionales. Pero: Sí la adolescencia es un compendio de todo estos rasgos (angustia, impulsividad, precipitación, egoísmo, e imprudencia) Cómo es posible que estos rasgos hayan superado la prueba de la selección natural?.
La respuesta es que no son los rasgos relevantes de los adolescentes, sino los que nos llaman la atención, porque nos exasperan o ponen en peligro a nuestro hijos. Nos hemos acostumbrados a ver la adolescencia como un problema, pero cuanto más averiguamos acerca de ella, parece ser una fase más funcional y adaptativa...Algo así como lo que nos hace falta en ese momento de la vida...
Hay algo más: Nuestro organismo esta diseñado para las condiciones de habitabilidad del paleolítico y neolítico. Eso incluye que entonces no se superaba en muchos casos la treintena de la vida. Por lo que posiblemente el proceso de maduración del cerebro, esa adaptabilidad que se ve en los adolescente, sea el cenit de este órgano...Esto hace pensar que quizás en la vida adulta, el cerebro se "auto engaña" para mantener la eficacia en una supervivencia que no era previsible... O quizás sí... Seguimos evolucionando...
Las imágenes son de la red
Este es el post 200...
FELIZ CUMPLEAÑOS MAMÁ....TE ESTAS PONIENDO INTERESANTE
Saludos y hasta la próxima