Es una democracia de izquierda, con costumbres vikingas que perduran en el tiempo. Muchas de esas costumbres, para nuestra idiosincrasia, son extrañas y muy raras, han hecho de Islandia un país desarrollado, con buen ritmo de bienestar social (país nórdico al fin y al cabo).
La crisis económica mundial ha hecho mella importante en Islandia, lo que ha llevado al país a prácticamente la quiebra (como nación) a pesar de la ayuda recibida por parte del Consejo Nórdico y de la UE. Esto ha hecho que el gobierno renuncie en bloque (algo que en las mentes latinas es imposible de imaginar).
El 2 de febrero pasado, se nombro primera ministro interino de Islandia a Jóahnna Sigurdardótti, primera mujer en ejercer la primera magistratura del país nórdico.
Nada tendría de extraño el nombramiento de esta dama de 66 años, de quien dicen es la más capacitada para gobernar al país de forma interina hasta las elecciones de la primavera próxima (muy probablemente en abril). Pero hay algo más: La Sra. Sigurdardótti es lesbiana. Su orientación sexual es pública y conocida por los ciudadanos islandeses. Y está casada con su pareja.
Aunque se han levantado voces contra la sexualidad de la Presidente interina, son muchos más quienes pasan de esa condición y hacen votos porque el interinato sea realmente efectivo y vuelva a reconducir el camino de bienestar de Islandia.
La orientación sexual, así como la religión, la etnia (porque no somos perros para decir razas), no nos debe hacer preconcebir ideas (prejuicios) sobre esas personas. Lo importante fuera de eso, es que sean capaces de ejercer el mandato otorgado y producir los objetivos propuestos. La especie humana, sin distingo de ningún tipo, tiene las mismas posibilidades de desarrollo, si tenemos el ambiente adecuado.
No puede ser que emitamos juicios descalificativos sobre personas que no tienen la misma orientación sexual, religión o color de piel por el simple hecho de ser diferentes a los nuestros, por no compartir su forma de vida o color de piel, o sus costumbres religiosas.
Puede que no se comparta los gustos sexuales de un compañero de trabajo, conocido o amigo (incluso de la presidente del gobierno), pero si esa persona me hace mejorar mi calidad de vida, merece mi respeto. Total todos tenemos las mismas necesidades fisiológicas, es decir somos personas, ciudadanos, que tenemos deberes y derechos que debemos respetar seamos “normales” o no (no sabía si utilizar el calificativo o no, lo dejo a su criterio).
Hoy en día, la globalización nos hace estar más atento en la educación de nuestros hijos (porque estarán pensando en ellos). No se puede ocultar la diversidad humana a los niños por el simple hecho de no compartir sus ideas. Hay que buscar las formas de que ellos entiendan el porqué de ese comportamiento, en su justo momento. Luego ellos tendrán criterio para emitir su opinión, pero no de una forma sesgada, es decir, de la forma que lo veo yo.
Lo anterior es muy complicado de realizar. La historia la escriben los vencedores y muchas veces sesgaremos nuestras opiniones sobre un tema específico. Eso seguirá haciendo que veamos como los malos de la película a los islamistas, aunque sabemos que solo un puñado de ellos son los fundamentalistas que tienen en ascuas al mundo entero (pero son musulmanes y todos deben ser iguales). Pensar que un/a homosexual sea mi jefe/a es inimaginable. Alguno de los “normales” de la oficina (o del gobierno) debe estar más capacitado. Dejo a su imaginación las opiniones sobre Omaba….
Deseo realmente que la Sra. Sigurdardótti haga buen gobierno. Si lo hace, su ejemplo de gerencia debería ser reconocido y puesto en práctica con los cambios necesarios en países donde habría que pensar si la renuncia en bloque es válida y llamar un nuevo gobierno, sea de un color de piel distinto al dominante, de una religión minoritaria o de una orientación sexual diferente.
Saludos y hasta la próxima